Era nueva en la ciudad. Me había mudado de
Inglaterra a un pequeño pueblo de España, para, no sé, supongo que escapar de
todo. Fui a mi nuevo instituto caminando con un conjunto que me había comprado
mi madre, no quería que fuera de luto eternamente. La ropa era: Una camiseta
azul, con una estrella, una falda rosa y unos tacones de leopardo con unos
lazos rojos. Suspire. Entre al instituto. Allí me encontré a la directora.
Decía algo de un tal Nathaniel, papeles y una foto. Yo solo sonreía y asentía,
luego fui a al lugar donde me indicaba. Un olor a Axe inundo mi personalidad
buena, que había escogido para empezar aquí.
-¿Nathaniel?- Mire a un chico vestido
formalmente. Me puse el pulgar al labio inferior e incline mi cuerpo levemente.
- ¿Eres tú el delegado?- Él era alto, rubio con los ojos ámbar y unos labios
que solo con verlos querías rozarlos.
-Ah, sí claro soy yo. ¿Eres la nueva...?
¿Camila?- Dijo levemente sonrojado, sentado en un escritorio. Aunque yo no
sabía por qué.
-La directora me ha dicho que mis informes
están aquí, y he venido a por ellos. - Le sonreí.
-Oh, claro si...- Miro unos papeles de un
cajón. Me levante y bostece con todo el cuerpo. - No los encuentro... - Suspire
y mire al suelo con cara de preocupación - Tranquila los encontrare, Camila.-
-¡Gracias, eres un sol! - Le bese en la
mejilla. - Voy a conocer un poco esto, luego me vuelvo a pasar. - Ya le había
caído bien a él.
Me fui al jardín, me senté en un banco al lado
de un chico pelirrojo. Mi personalidad malvada ya quería salir, ya que él era
bastante guapo, así que le di el testigo a ella. Saque mis cigarrillos.
-Mierda me he dejado mi mechero favorito. - El
tío de al lado me miro.
- Te dejo el mío.- Me encendí el cigarrillo y
le di una calada.
-Gracias, toma. Por cierto me llamo Camila-
-Eres la nueva ¿No?-
-Ajá, ¿Por qué lo dices?-
-Uno: Si no fueras nueva no te sentarías a mi
lado. Dos: Jamás te había visto. Tres:Solo a la nueva aceptaría usar mi
mechero. Yo soy Castiel.-
-Tu lógica me aplasta. Aunque en parte podrías
equivocarte. Sufro de personalidad múltiple controlada.- Me levanto una ceja.
Ni idea de lo que hablo.- Significa que tengo más de una personalidad, cada una
es distinta. Emociones, sentimientos... Mierdas así. Lo mejor es que yo las
puedo controlar. Me pasa desde el... Accidente. - Mire al cielo y di una
calada.
- ¿Accidente?-
- Ajá. Yo antes de venir aquí tenía un novio.
Salíamos juntos desde los 13 años. Ya se sabía que acabaríamos casándonos.
Cinco años juntos. Pero se fue de viaje con mis abuelos, para organizar no se
qué cosas. Y el avión se cayó.- fingí el ruido de un avión cayéndose y
estrellándose. - Ningún sobreviviente. Ni mis abuelos ni él.- Suspiró. Le daba
pena.- Cuando lo averigüe mi mente se dividió en tres partes. Yo, la demasiado
buena y la original, la que pienso que es una llorica.-
-¿Puedo conocerlas?- Puso cara del típico
chulo.
- Claro.- Puse la voz aguda y me concentre en
ser otra. - Yo soy la buena.- le sonreí. -Ahora que te veo puedo decir que eres
el tipo de mi otra. Es muy ligona, ten cuidado, ja ja ja.- Se rió con mi otra
personalidad. - Ahora tranquilo si me pongo a llorar, mi otra personalidad es
muy sensible. - Decidí esconder las otras personalidades. Le mire fijamente. -
Te pareces a él tengo que reconocerlo.- Me sorbe la nariz. - Debería haberme
quedado debajo de una manta y no salir.- Me tocó la cabeza para no hacerme
llorar.- iba a ponerme esa camiseta.- Le señale su camisa.- Me encanta Bring me
to the horizon. Pero mi madre opina que mi primer día de clase no debería ir de
luto. Ahora si me perdonas será la dulce y positiva y volveré a ver el rubio, a
ver si ya ha encontrado mis papeles. Y menos mal que no le tengo que contar mi
otra personalidad lo del accidente. Ya lo pone en los papeles. - Me levante,
tire el cigarrillo, ya apagado y le di un beso a la cabeza a la cabeza de
Castiel, que estaba sorprendido por mi despedida.
-Adiós, Buenaza, normal y malvada Camila.-
-Sayonara Castiel.-
Entre a la sala de delegados, siguiendo siendo
yo. Mire a Nathaniel. Y le sonreí. No sé, la verdad ahora no me apetecía
cambiarme.
- Lo he encontrado. Y lo siento lo del
accidente.- Le mire a los ojos. Deje de contenerme. Me lance a sus brazos y
empecé a llorar. Hasta que me quedé dormida.